Eduardo Galeano

Eduardo Galeano

sábado, 13 de febrero de 2016

La performatividad del género


Las discusiones sobre género han estado enmarcadas en problemáticas que relacionan las maneras en las que se construye culturalmente la idea del otro, además de su relación con el problema de la sexualidad, y más a fondo, su proximidad con los procesos de identificación.
En este sentido, como expone Lazlo Pearlman, hablar de género implica pensar que todo cambia, que no hay nada definido de por sí, en cambio, es necesario repensar la idea del genero ligada al cuerpo como un espacio que no es único, que no es definible e inmutable; por el contrario, es producto de un conjunto de imaginarios, deseos, transformaciones y trasgresiones que parten de relaciones políticas, culturales, sociales y económicas; de esta manera, implica abrir caminos entre lo que creemos cierto y falso.
Así, repensar el género como categoría de análisis permite repensar como los sistemas de género y sexo son producto de prácticas, símbolos, representaciones y valores sociales, que se han construido a partir de diversos procesos sociales e históricos.
Por consiguiente, el género podría entenderse como “el conjunto de disposiciones por el que una  sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana y en el que satisfacen esas necesidades humanas transformadas” (Rubin, 1986).
Ahora bien, las diversas discusiones generadas en relación al género invitan a reflexionar sobre como la construcción de roles sociales, ligados al género deja de lado las múltiples diferencias sexuales- sexo cromosómico, gonadal, hormonal, anatómico y fisiológico- relaciones ligadas a sistemas de poder, el papel de la mujer en la reproducción,  jerarquías sociales y condiciones de conflicto desfavorables para las mujeres construyen roles sociales, roles ligados al género.
Así pues, es necesario abrir nuestros sistemas de pensamiento sobre el género y el sexo como algo ligado a distintas posibilidades, conductas, sensaciones, imaginarios y construcciones. Además, es necesario comprender que las concepciones tradicionales del género se encuentran atravesadas por desigualdades sociales, distintas jerarquías y relaciones de poder; que contemplan también desigualdades  económicas, políticas y culturales.
De la misma manera, resulta relevante comprender como el género, entendido en su forma tradicional, se encuentra ligado a formas normativas de sexualidad (Butler, pág.16 1999), formas que reprimen lo que no es normativo, que lo destruyen o lo desvían, causando miedos a perder los lugares ocupados por los roles ligados al género; esto con el fin de conservar intacta la sexualidad normativa.
Por consiguiente, el género resulta ser un medio discursivo y cultural, a través del cual la naturaleza sexuada se establece como elemento fundamental del discurso, e incluso prediscursiva; como algo anterior a la cultura sobre lo cual actúa la cultura misma. (Butler, pág. 56  2007).
“La postura de que el género es performativo intentaba poner de manifiesto que lo que consideramos una esencia interna del género se construye a través de un conjunto sostenido de actos, postulados por medio de la estilización del cuerpo basada en el género. De esta forma se demuestra que lo que hemos tomado como un rasgo «interno» de nosotros mismos es algo que anticipamos y producimos a través de ciertos actos corporales, en un extremo, un efecto alucinatorio de gestos naturalizados.”(Butler, pág. 17 1999)
En este sentido, resulta relevante reflexionar sobre el papel del género en la construcción de relaciones políticas, sociales, económicas y culturales; e incluso como atraviesa nuestros sistemas de pensamiento, acción y percepción construyendo ideas binarias y homogéneas ligadas al rol de hombres y mujeres en las distintas sociedades.
De esta manera, “si el género es los significados culturales que acepta el cuerpo sexuado, entonces no puede afirmarse que un género únicamente sea producto de un sexo. Llevada hasta su límite lógico, la distinción sexo/género muestra una discontinuidad radical entre cuerpos sexuados y géneros culturalmente construidos.” (Butler, pág.54 2007)

Así pues, mantener la visión binaria de hombres y mujeres ayuda a mantener las diferentes desigualdades, los sistemas hegemónicos de control y poder e incluso más allá elimina la oportunidad de desear, sentir e incluso ser; además mantiene los sistemas de pensamiento cerrados, sistemas de si o no, de blanco o negro, suprime esa capacidad innata de soñar, descubrir, esa capacidad llena de posibilidades.
En este sentido, el reto es repensar el género como algo múltiplo, lleno de matices y variables. El reto además es eliminar de nuestros sistemas de pensamiento las dualidades y en cambio abrirnos a la libertad visceral del cuerpo, cerebro y corazón.



Referencias Bibliográficas
·         Butler, J (1999). El género en disputa- Prefacio. pp. 7-35. Routledge: New York.
·         Butler, J (2007). El género en disputa- Género: Las ruinas circulares del debate actual. Paidos: España.
·         Barbieri, T (1993). Sobre la categoría de género: Una introducción teórica- metodológica. Debates de Sociología No 1. UNAM

·         Jo Sol- Fake Orgasm. 2010. 81 Minutos 

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