Las
discusiones sobre género han estado enmarcadas en problemáticas que relacionan
las maneras en las que se construye culturalmente la idea del otro, además de
su relación con el problema de la sexualidad, y más a fondo, su proximidad con
los procesos de identificación.
En
este sentido, como expone Lazlo Pearlman, hablar de género implica pensar que
todo cambia, que no hay nada definido de por sí, en cambio, es necesario
repensar la idea del genero ligada al cuerpo como un espacio que no es único,
que no es definible e inmutable; por el contrario, es producto de un conjunto
de imaginarios, deseos, transformaciones y trasgresiones que parten de
relaciones políticas, culturales, sociales y económicas; de esta manera,
implica abrir caminos entre lo que creemos cierto y falso.
Así,
repensar el género como categoría de análisis permite repensar como los
sistemas de género y sexo son producto de prácticas, símbolos, representaciones
y valores sociales, que se han construido a partir de diversos procesos
sociales e históricos.
Por
consiguiente, el género podría entenderse como “el conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica
en productos de la actividad humana y en el que satisfacen esas necesidades
humanas transformadas” (Rubin, 1986).
Ahora
bien, las diversas discusiones generadas en relación al género invitan a
reflexionar sobre como la construcción de roles sociales, ligados al género
deja de lado las múltiples diferencias sexuales- sexo cromosómico, gonadal,
hormonal, anatómico y fisiológico- relaciones ligadas a sistemas de poder, el
papel de la mujer en la reproducción, jerarquías
sociales y condiciones de conflicto desfavorables para las mujeres construyen
roles sociales, roles ligados al género.
Así
pues, es necesario abrir nuestros sistemas de pensamiento sobre el género y el
sexo como algo ligado a distintas posibilidades, conductas, sensaciones,
imaginarios y construcciones. Además, es necesario comprender que las
concepciones tradicionales del género se encuentran atravesadas por
desigualdades sociales, distintas jerarquías y relaciones de poder; que
contemplan también desigualdades
económicas, políticas y culturales.
De
la misma manera, resulta relevante comprender como el género, entendido en su
forma tradicional, se encuentra ligado a formas normativas de sexualidad
(Butler, pág.16 1999), formas que reprimen lo que no es normativo, que lo
destruyen o lo desvían, causando miedos a perder los lugares ocupados por los
roles ligados al género; esto con el fin de conservar intacta la sexualidad
normativa.
Por
consiguiente, el género resulta ser un medio discursivo y cultural, a través
del cual la naturaleza sexuada se establece como elemento fundamental del
discurso, e incluso prediscursiva; como algo anterior a la cultura sobre lo
cual actúa la cultura misma. (Butler, pág. 56
2007).
“La postura de que el género es
performativo intentaba poner de manifiesto que lo que consideramos una esencia
interna del género se construye a través de un conjunto sostenido de actos,
postulados por medio de la estilización del cuerpo basada en el género. De esta
forma se demuestra que lo que hemos tomado como un rasgo «interno» de nosotros
mismos es algo que anticipamos y producimos a través de ciertos actos
corporales, en un extremo, un efecto alucinatorio de gestos
naturalizados.”(Butler, pág. 17 1999)
En este sentido, resulta relevante
reflexionar sobre el papel del género en la construcción de relaciones
políticas, sociales, económicas y culturales; e incluso como atraviesa nuestros
sistemas de pensamiento, acción y percepción construyendo ideas binarias y
homogéneas ligadas al rol de hombres y mujeres en las distintas sociedades.
De esta manera, “si el género es los significados culturales
que acepta el cuerpo sexuado, entonces no puede afirmarse que un género
únicamente sea producto de un sexo. Llevada hasta su límite lógico, la
distinción sexo/género muestra una discontinuidad radical entre cuerpos
sexuados y géneros culturalmente construidos.” (Butler, pág.54 2007)
Así pues, mantener la visión binaria de
hombres y mujeres ayuda a mantener las diferentes desigualdades, los sistemas
hegemónicos de control y poder e incluso más allá elimina la oportunidad de
desear, sentir e incluso ser; además mantiene los sistemas de pensamiento
cerrados, sistemas de si o no, de blanco o negro, suprime esa capacidad innata
de soñar, descubrir, esa capacidad llena de posibilidades.
En este sentido, el reto es repensar el
género como algo múltiplo, lleno de matices y variables. El reto además es
eliminar de nuestros sistemas de pensamiento las dualidades y en cambio
abrirnos a la libertad visceral del cuerpo, cerebro y corazón.
Referencias
Bibliográficas
·
Butler,
J (1999). El género en disputa- Prefacio. pp. 7-35. Routledge: New York.
·
Butler,
J (2007). El género en disputa- Género: Las ruinas circulares del debate
actual. Paidos: España.
·
Barbieri,
T (1993). Sobre la categoría de género: Una introducción teórica- metodológica.
Debates de Sociología No 1. UNAM
·
Jo
Sol- Fake Orgasm. 2010. 81 Minutos
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