Eduardo Galeano

Eduardo Galeano

martes, 8 de marzo de 2016

Del Derecho a la Ciudad

Partiendo de las discusiones que se han tenido anteriormente es posible reconocer como la construcción del cuerpo, el género, el sexo y la sexualidad no son procesos estáticos y robustos, por el contrario, han sido producto de transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas.
En este sentido, reconocer el género y sus múltiples construcciones implica pensar en los medios discursivos y culturales a partir de los cuales se establecen medios de control y alienación; medios que han servido para mantener visiones homogéneas y heterodoxas. Esto implica pensar de igual modo en “el miedo a perder el lugar que se ocupa” (Butler, 1999, pág. 12), el miedo a perder un lugar social, un lugar en la normalidad.
De igual modo, implica pensar en los procesos que han mostrado las múltiples caras de la invisibilidad de género, las múltiples caras de resistencia y lucha que gracias a arduos procesos han logrado mostrar que el género, el sexo, la sexualidad y el cuerpo no son cuestiones simples, estáticas, o sin relevancia; sino por el contrario, que dan cuenta de la multiplicidad, la heterogeneidad y las diferentes formas de habitar, de apropiar y de agenciar.
Así, reconocer tales luchas implica reivindicar las diferentes formas de habitar la ciudad, comprendiendo la misma como un flujo heterogéneo, diferente y alternativo que configura las maneras de habitar pero a su vez es configurador de las mismas.
De esta manera, es crucial reconocer como las múltiples iniciativas que reflexionan y transforman en relación al sexo, género y cuerpo también transforman  la ciudad y la convierten en un flujo heterogéneo, con capacidad para transformar su propia estructura a partir de procesos subjetivos; eliminando la idea del mundo social homogéneo, plano y hegemónico y dando cabida a movimientos diferentes, alternativos y democráticos.
‘’parecería que la ciudadanía no es un estatus adquirido u otorgado a todos y de una vez para siempre sino un ‘’proceso instituido’’, conflictivo y desigual cuya conquista requiere una lucha y una vigilancia que deben renovarse permanentemente’’  (Wacquant, 2007, pág. 56)
Por consiguiente, entender la ciudad como un gran crisol, capaz de albergar múltiples formas de ser, pensar, estar y actuar es necesario para consolidar escenarios en los cuales se reconozca el género y el cuerpo como un constructor de relaciones sociales, como un elemento fundamental para la apropiación,  y más allá como un elemento, que desde su multiplicidad, apropia, construye y resiste. Como un derecho a la ciudad.

‘’Es por esto que el derecho a la ciudad tiene que plantearse, no como un derecho a lo que ya existe, sino como un derecho a reconstruir y recrear la ciudad… con una imagen totalmente diferente, que erradique la pobreza y la desigualdad social y que cure las heridas de la destrozada degradación medioambiental’’  (Harvey, 2013, pág. 202)

Referencias Bibliográficas


Butler, J. (1999). El género en disputa. Barcelona: Paidós.
Harvey, D. (2013). Reclamar la ciudad para la lucha anticapitalista. En D. Harvey, Ciudades Rebeldes. Del Derecho de la ciudad a la revolución urbana (págs. 171-223). Madrid: Akal.
Wacquant, L. (2007). Introducción y prologo . En L. Wacquant, Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y Estado (págs. 13-53). Buenos Aires: Siglo XXI Editores .





sábado, 5 de marzo de 2016

Cuerpo y Género

Repensar la relación cuerpo género implica de cierta manera reconocer como el género, se visualiza y construye en relación al cuerpo, en este sentido, comprender las transmutaciones que se generan en relación a ambos implica situarse en relaciones de resistencia y transformación.

En este sentido, comprender tal relación, implica identificar al género como una construcción histórica de regulaciones corporales, además de estar dispuesto a cambiar constantemente;  además que el sexo y lo anatómico no es algo natural e inmutable.

Así pues, las discusiones en relación al cuerpo y el género han logrado desnaturalizar las identidades estáticas y homogéneas, de la mano de la reformulación de hombre y mujer, entendidas como construcciones culturales. Incluso han logrado postular al género como una precondición para construir relaciones sociales, como algo que se hace y no es y que se caracteriza por su inestabilidad y fragilidad. (Vartabedian, 2008)

“Considerar al género como una forma de hacer, una actividad incesante performada, en parte, sin saberlo y sin la propia voluntad, no implica que sea una actividad automática o mecánica. Por el contrario, es una práctica de improvisación en un escenario constrictivo. Además, el género propio no se «hace» en soledad. Siempre-se está «haciendo» con o para otro, aunque el otro sea sólo imaginario.” (Butler, 2006, pág. 3)

De esta manera, es posible plantear que la relación del cuerpo con el género es fundamental para comprender como existen múltiples miradas, múltiples formas de apropiar y agenciar los cuerpos en relación a las identificaciones.
Los cuerpos se modifican, se transforman, se territorializan en relación al género y como espejo de él. (Vartabedian, 2008)

De igual modo, los cuerpos generan representaciones, producto de tensiones y contradicciones; estas a su vez gracias a la influencia de medios de comunicación, las instituciones y la academia logran consolidar imágenes y símbolos.
Estas imágenes se han instalado en el escenario social y posteriormente recreadas por los habitantes del mismo, es decir, aquellos cuya sexualidad en cuanto a realidad no representa ningún problema. (Correa Montoya, 2007)
Asimismo, la construcción del género en relación al cuerpo ha consolidado nuevas maneras de entender como la construcción del cuerpo no implica un proceso lineal, ordenado y previamente establecido, sino por el contrario, permite mostrar los diferentes matices, las diferentes expresiones. El cuerpo es un territorio, un lugar de relacionamiento e identificación. Un lugar de construcción.

‘’El lugar surge en relación a uno mismo con los otros, el territorio es un lugar de relaciones del nosotros, en el cual mi lugar permanece siendo negociado con los lugares de los otros y ese nosotros’’ (Correa Montoya, 2007, pág. 65)

Referencias Bibliográficas

Butler, J. (2006). En J. Butler, Deshacer el género (págs. 13-67). Barcelona : Paidós.
Correa Montoya, G. (2007). Segunda Parte . En G. Correa Montoya, Del rincón y la culpa al cuarto oscuro de las pasiones. Formas de habitar la ciudad desde las sexualidades por fuera del orden regular (págs. 40-70). Medellín : Universidad Nacional de Colombia.
Vartabedian, J. (2008). El cuerpo como espejo de las construcciones de género. Una aproximación a la transexualidad femenina . Universitat de Barcelona .



Cuerpo y Sexo

Siguiendo el hilo conductor que se ha trazado anteriormente, es posible exponer como el cuerpo resulta sujeto a construcciones sociales, políticas, culturales, y económicas; además de ser construido en relación a periodos históricos, condiciones de clase particulares a cada contexto, herramientas específicas de dominación y control y estructuras de pensamiento particulares.
Así pues, repensar al cuerpo como un elemento construido y constructor nos invita a reflexionar sobre el concepto de sexo, el cual cómo la categoría de género y cuerpo, se ha formado sobre gran variedad de disputas, sobre procesos históricos, inscripciones particulares, dualidades homogenicas, pero a la vez sobre luchas sociales y políticas.

“Los cuerpos no sólo tienden a indicar un mundo que está más allá de ellos mismos; ese movimiento que supera sus propios límites, un movimiento fronterizo en sí mismo, parece ser imprescindible para establecer lo que los cuerpos "son".”  (Butler, 2002, pág.12)
Lo anterior demuestra como el sexo no representa una construcción ideal, que se materializa sobre el tiempo o la normalidad, por el contrario, el sexo es construido como el cuerpo mismo, el género y la sexualidad a partir de materializaciones que se imponen y se logran mediante prácticas, regulaciones, control y sobre todo la idea esencial de masculino y femenino. En este sentido, entender el sexo en relación al cuerpo implica preguntarse sobre los diversos procesos mediante los cuales se ha normalizado y regularizado la idea del sexo como algo biológico, estático e inmutable.
“Sexo  no  es  aquí  entonces  una  realidad  simple  o  condición  estática de  un  cuerpo,  no  es  ya  un  dato  corporal  sobre  el  cual  se  impone  el  género,  más  bien  se  trata  de un  efecto  sedimentado  de  una  práctica  reiterativa  de  poder  que  actúa  como  norma  cultural  que gobierna  la  materialización  de  los  cuerpos.” (Suniga, 2013; pág, 5)
En Este sentido, la construcción del sexo se encuentra estrechamente relacionada con la construcción del género y la sexualidad, construyendo en conjunto procesos de identificación.
Ahora bien, pensar en las diversas condiciones culturales resulta necesario entender que el sexo no es inamovible o estático, sin por el contrario que a partir de su relación con el género y la performatividad del cuerpo se construye y cambia.

Además, el sexo en su materialidad genera y es efecto político y cultural, de tal manera que, además, crea ilusiones de una sustancialidad previa.  (Suniga, 2013)

Si el género es la construcción social del sexo y sólo es posible tener acceso a este "sexo" mediante su construcción, luego, aparentemente que ocurre es, no sólo que el sexo es absorbido por el género, sino que el "sexo" llega a ser algo semejante a una ficción, tal vez una fantasía, retroactivamente instalada en un sitio pre lingüístico al cual no hay acceso directo. (Butler, 2002; pág, 23)


Referencias Bibliográficas


Burgos, E. (2006). Cuerpos que hablan . En J. Arregui, & J. García, Significados corporales (págs. 93-109). Málaga: Colección Monogragía 11.
Butler, J. (2002). Los cuerpos que importan . En J. Butler, Cuerpos que Importan: Sobre los limites materiales y discurivos del "sexo" (págs. 17-95). Buenos Aires : Paidós.
Suniga, N. (2013). ¿Discurso o materialidad? Sobre la construcción del cuerpo sexuado en la teoría de Judith Butler. Instituto de Investigaciones Gino Germani- VII jornada de Jóvenes Investigadores .







domingo, 28 de febrero de 2016

Violencia sobre el cuerpo y violencia estructurada

La violencia se encuentra estrechamente relacionada al cuerpo, asimismo, a cómo este consolida relaciones sociales y culturales. En este sentido reconocer como el cuerpo ha sido un elemento fundamental para la conformación de hegemonía, control e incluso dominación gracias a la violencia sobre el mismo y a la violencia incorporada resulta relevante para comprender la configuración social.
En este sentido, la violencia sobre el cuerpo y la violencia incorporada permiten preguntarse sobre cómo los territorios han sido construidos sobre el miedo, la muerte y el dolor, por consiguiente, cómo la construcción territorial se ha dado desde una única visión, homogénea y hegemónica.
“generar o mantener un orden a través de hechos contundentes sobre los objetos, los cuerpos o los campos de relación social, precisando así un objetivo localizado en el tiempo y el espacio.” (Chaves, 2011, pp. 164)
De esta manera, a partir de la vivencia personal de la violencia, se reconfiguran las prácticas sociales en torno a la aceptación o a la resistencia; cabe aclarar que esta reconfiguración implica cambios culturales, políticos, económicos o sociales.
En este sentido, las prácticas corporales regulan al individuo, lo mantienen como un cuerpo controlado.
Así, la violencia entendida como técnica corporal genera aceptación social y limitación. Es decir, y como bien lo muestra la película y el trabajo de campo de Chaves, la violencia se transforma en un elemento que hace parte de la cotidianidad, un elemento que se reproduce y se acepta, aceptando así la imagen construida sobre el cuerpo, imagen ligada al miedo, al dolor y al control.

“la violencia es una técnica corporal, en la medida en que llega a ser aceptada por las sociedades, imitada e instruida sobre el cuerpo; pero, además, retroalimentada de los usos y manejos coyunturales.”(Chaves, 2011, pp. 166)

De igual manera, en La Dominación Masculina (1998), Bourdieu expone como se trasgreden las estructuras mentales, genera una vocación, que es vista como una decisión personal pero que al final es sometida por el inconsciente  que esta guiado por la estructura.
De igual manera, la deshumanización de la violencia, tanto en esferas sociales como individuales, logra potencializar y capitalizar la misma, tanto así que las víctimas se transforman sin notarlo en reproductores de la violencia, aumentando la brecha generada por la violencia, el miedo y la dominación.

Por último, Chaves realiza una invitación a matizar la violencia en relación al contexto de la misma, evitando caer en soluciones para la misma creadas en otros contextos o pensando que existe una única causa generadora de violencia.
En términos de Fals Borda, la ciencia, comprometida con las exigencias de la realidad debe plantearse desde tres premisas principales, la primera, responde a una dialéctica del conocimiento, que vea a la teoría y la practica como eje fundamental de causalidad; la segunda, a pensar y actuar, que de alguna manera, se ve estrechamente relacionada con la dialéctica del conocimiento, reconociendo que si desde las estructuras mentales hay un compromiso con la realidad, en el actuar del investigador también lo habrá. Por último existe una relación forma y contenido.
“la dimensión del “hecho” como proceso histórico, que la realidad es un “complejo de procesos”. Reconfirmamos por enésima vez que, en lo social, no puede haber realidad sin historia: los “hechos” deben complementarse con “tendencias”, aunque éstas sean categorías distintas en la lógica.”(Fals Borda, 1978, pp. 11)


Referencias Bibliográficas

Bourdieu, P (1998). La Dominación Masculina. Barcelona: Editorial Anagrama

Chaves, J (Julio/ Diciembre 2011). Entre la violencia sobre el cuerpo y la violencia incorporada. Hacia la promoción de la salud, Volumen 16. Pp. 162- 172

Fals Borda, O (1978). El problema de cómo investigar la realidad para transformarla. FUNDABCO. Bogotá.




sábado, 27 de febrero de 2016

El cuerpo más allá de si mismo

El cuerpo como diseño social, como mapa discursivo y elocuente ha consolidado y establecido caminos predeterminados para controlar y dominar. En ese sentido, es posible afirmar que el cuerpo tiene una gran influencia en la conformación de relaciones sociales, principalmente, relaciones que dan cuenta de las posiciones que ocupamos en el sistema.
En este sentido, la relación que se establece con respecto a la alimentación, la medicina, la moda, entre otros construye posiciones de los cuerpos en el sistema, posiciones que están cargadas de multiplicidad de factores y que se relacionan de manera directa con el habitus de clase, el capital simbólico, económico y social.
Así, es posible afirmar que la relación con el cuerpo y la manera en que el mismo se relaciona es producto de esquemas diversos, vinculados con lo que constituye el capital para cada clase.
No es sólo la apariencia la que determina la posición que uno ocupa, sino que los gestos, los modos del cuerpo, el tono de voz, la manera de hablar, la hexis corporal, se constituyen como símbolos que remiten a una determinada posición de clase. Estos modos de hacer son modos de ser; es decir que no sólo están fuertemente “naturalizados” sino que constituyen nuestra “naturaleza” misma. En este sentido es que decimos que las desigualdades sociales se hacen carne y son incorporados. (Aréchaga, 2010, pág. 22)

De esta manera, el cuerpo debe ser entendido no solo en su visión biológica clásica, sin por el contrario con un elemento transformador de prácticas, como un lugar en el que se escriben las condiciones básicas de existencia; como un lugar en el que a partir de técnicas e instrumentos se socializa a los individuos, se controla. En últimas el cuerpo debe ser comprendido como una herramienta de dominación.
La dominación es ejercida dos veces, en ese sentido es objetiva y subjetiva, objetiva ya que se da de manera visible, prohíbe y se reconoce por la estructura,  y subjetiva porque se reproduce en las estructuras mentales, en ese sentido, es simbólica. Esto es demostrado con algo muy simple, en lo cual los espacios privados corresponden al terreno de lo femenino y lo público a lo masculino. (Bourdieu, 1991)
Así, Bourdieu plantea el concepto de habitus, el cual es la somatización de la estructura objetiva, en ese sentido, consolida en el terreno del pensamiento, de lo inconsciente formas de pensar y actuar, que sin duda alguna surgen de la relación agente- estructura social, es decir, de la configuración social.
Por consiguiente, es posible plantear como a partir del habitus se consolidan las diferencias y estructuras de clase en relación al cuerpo.  
Es como si un habitus corporal socializado, es decir, un principio de unificación preconsciente y encardinado en los pliegues invisibles que engarzan la cultura y la fisiología, organizase la presentación íntima de los individuos ante el mundo. (Moreno, 2004, pág. 8)
Ejemplo de esto es la estética hegemónica, a partir de la cual se determina la apariencia en relación con la clase – la pobreza se relaciona con la peligrosidad-; estos estereotipos, que se encuentran en el habitus, son reflejo de esquemas clasificadores y de un orden dominante.

“En este sentido si aprendimos a vincularnos de una manera con nuestro propio cuerpo atravesado por la condición de clase, no parece atrevido pensar que la toma de conciencia de nuestro propio cuerpo es la toma de conciencia de la condición de clase, y a la inversa, para que sea posible la toma de conciencia de clase será necesario la construcción de esquemas propios de pensamiento, y por ende de acción, para repensar el propio cuerpo.” (Aréchaga, 2010, pág. 24)

Referencias Bibliográficas

Aréchaga, A. (2010). El cuerpo y las desigualdades sociales: el espiral de la reproducción social . Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad N°2, 16-26.
Bourdieu, P. (1991). Investigadores de nuestro tiempo: Pierre Bourdieu . (P. Miquel, Entrevistador)
Eltit, D. (2005). Clases de cuerpo y cuerpos de clase . Aisthesis N° 38, 9-20.
Moreno, J. (2004). Cuerpo, Género y Clase en Pierre Bourdieu. En P. Bourdieu, Las Herramientas del sociólogo (págs. 13-184). Madrid: Fundamentos .


viernes, 19 de febrero de 2016

La categoría de cuerpo en relación al movimiento feminista

Repensar el cuerpo como elemento fundamental en la construcción de procesos de identificación implica reconocer como procesos históricos han sido relevantes para la construcción del mismo, al igual que los estudios de las ciencias sociales y sin lugar a dudas, el movimiento feminista.
Como afirma Turner, los estudios del cuerpo en ciencias sociales evocan sus anales en la antropología y la visión de un solo hombre y su papel en el mundo, igualmente expone como en el periodo de sociología clásica- Weber, Durkheim  y Parsons- el cuerpo no fue objeto de análisis e interés, relegándolo sobre estudios relacionados con procesos de industrialización y el crecimiento de las ciudades. Sin embargo, desde la escuela de Frankfurt la idea del cuerpo cambia, y los estudios en ciencias sociales empiezan a preguntarse sobre el papel de los cuerpos en relación al capitalismo y la creciente ola neoliberal. Asimismo, los estudios de Foucault y Bourdieu consolidan nuevas y amplias miradas en relación al poder ejercido sobre los cuerpos y la dominación.
De igual manera,  el movimiento feminista tiene una gran relación con la construcción de teoría sobre el cuerpo, ya que a partir de las luchas del mismo se generan diferentes miradas, esto en el marco de un proyecto emancipador que construyó una mirada colectiva del cuerpo; miradas que rompieron con los esquemas tradicionales y heterogéneos de lo masculino y femenino.
”Los cuerpos son definidos como masculinos y femeninos, y a partir de ahí se intro­ducen diferencias en las atribuciones sociales, culturales y económicas que se les asignan. La diferencia sexual es, en este sentido, una construcción simbó­lica que se adscribe a los cuerpos en función de su morfología, de tal modo que “La división social entre lo que es ‘femenino’ y lo que es ‘masculino’ pasa a tener en el cuerpo su equivalente analógico”. (Guerrero, 2012, pág. 2)
En este sentido, podemos afirmar que los cuerpos se producen sobre marcas de regulación, roles particulares que han sido asignados a partir de diferentes épocas históricas y controlados a partir de la medicina y la psicología.
De esta manera, resulta pertinente afirmar que el cuerpo femenino ha sido construido como un cuerpo otro, por consiguiente, ha sido silenciado, sometido a ser reconocido como objeto sexual, a satisfacer los deseos masculinos, como un cuerpo maternal, capacitado para la reproducción o para realizar trabajos desprestigiados socialmente.

“Se bosqueja así una visión caleidoscópica del cuerpo en la que confluyen lo económico, lo político y lo personal, la experiencia privada y el sentimiento de pertenencia a una colectividad, la racionalidad y la afectividad, lo biológico y lo cultural. Todas esas variables se superponen y entremezclan de un modo no reduccionista, sin llegar a perder su especificidad, de manera que cada uno de los elementos aporta un nuevo enfoque a la construcción de la identidad femenina y la articulación corporal de las identidades. Precisamente el cuerpo se sitúa en el núcleo de todas las variables, es la urdimbre en torno a la que se entreteje el mundo vivido y dota de contenido a la existencia: “El su­jeto del Feminismo […] es un sujeto encarnado, complejo y multiestratificado”. (Guerrero, 2012, pág. 3)
Ahora bien, el cuerpo reconocido como una posibilidad de mediación, como el núcleo de todas las variables, permite reflexionar sobre el papel del mismo en la transformación de relaciones sociales, políticas, económicas y culturales. En consecuencia, la categoría de cuerpo propuestas por el movimiento feminista permite repensar el mismo en planos políticos y simbólicos, transformando visiones heterogéneas y tradicionales en visiones colectivas de cambio y agenciamiento.
Por consiguiente, aunque es necesario que cada quien conozca y experimente su cuerpo como producto de múltiples variables subjetivas, el feminismo ha construido la capacidad de repensar el cuerpo como algo estático, y de la mano de teorías sociales ha propuesto un salto del cuerpo como algo personal al cuerpo como algo colectivo. En últimas, ha logrado redefinir las pautas sociales, la normatividad y la producción de imágenes y símbolos culturales.

“Pensar desde el cuerpo, ‘habitarlo’ y con-vivir con él se convierte en un proyecto de revalorización de la alteridad que la teoría feminista nos invita a explorar una y otra vez.”(Guerrero, 2012, pág. 9)



Referencias Bibliográficas

·         Fernández, A. M. (2013). Los cuerpos del deseo: Potencias y acciones colectivas . Nómadas # 38, 13-29.
·         Guerrero, O. F. (2012). Pensar con el cuerpo, pensar desde el cuerpo. Thémata. Revista de Filosofía N° 46, 361-368.
·         Turner, B. (1994). Los avances recientes en la teoría del cuerpo. Reis , 11-39.



Identidad de Género y Orientación Sexual en el marco de los Derechos Humanos

Como hemos visto anteriormente, la construcción del género y su importancia dentro del crisol social ha sido fruto de grandes procesos históricos de lucha, en los cuales el movimiento feminista ha reivindicado los derechos de las mujeres, además de generar debates sobre la identidad de género y la orientación sexual. Por otro lado la construcción del género como categoría analítica, ha permitido a las ciencias sociales generar aportes para repensar el género en tanto relaciones sociales, políticas, económicas y culturales.

En este sentido, las causas nombradas anteriormente, entre otras, han fortalecido la construcción de marcos normativos que influyen en la construcción de políticas de género y orientación sexual. Así pues en relación con los Derechos Humanos y el goce efectivo de los derechos se ha consolidado un marco normativo que reconocer la identidad de género y la orientación sexual como un elemento esencial en relación a derechos internacionales y construcción de política pública.

Así pues, como reconoce la declaración universal de derechos humanos, deben ser prioridad para los Estados respetar, proteger y cumplir los derechos relacionados con orientación sexual e identidad de género; esto amparado por el principio de igualdad y no discriminación.

“Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónoma o sometida a cualquier otra limitación de soberanía.” (Declaración Universal de derechos humanos, artículo 2)
En este sentido, la declaración internacional de derechos humanos reconoce como existen diferencias relacionadas con la identidad de género – cisgénero y transgénero- producto de condiciones culturales, además de un sinfín de relaciones sociales, múltiples y diversas, y la orientación sexual – homosexual, bisexual y heterosexual- producto de procesos gonadales, genitales y cromosómicos. Por consiguiente, resulta indispensable para los Estados establecer políticas que reconozcan la identidad de género y la orientación sexual como fundamental en el goce de derechos, viéndose obligado a respetar y proteger la diversidad sexual y de género.
Sin embargo, en Colombia, existen nodos problemáticos que impiden el goce efectivo de los derechos, entre ellos la discriminación sistemática en el entorno- preexistencia de la discriminación en el entorno social- la normatización y aniquilamiento en el marco del conflicto armado- discriminación acumulada, además de violencias en el marco del conflicto armado- y la violencia institucional- barreras y negligencia por parte del Estado. (unidad para la atención y reparación de las vicitimas; USAID; Organización internacional para las migraciones, 2014)
De esta manera, reconocer que aunque existen marcos normativos, construidos a partir de procesos históricos y luchas arduas, que ayudan a consolidar políticas públicas de género y orientación sexual el contexto del país ha dificultado el goce de derechos en relación a la orientación sexual y la identidad de género. Así pues, es necesario repensar las relaciones económicas, políticas, culturales y sociales en relación al género; propendiendo por transformar las relaciones micro sociales como las macro sociales.
De igual manera, resulta fundamental “deconstruir la idea de que sólo existen dos sexos y abrir a la posibilidad de entender estos más allá de aquello que se nos ha enseñado.” (Convenio Marco entre el ministerio de Educación y el fondo de Poblaciones para las Naciones Unidas (UNFPA), 2015, pág. 9); esto con el fin de romper las barreras culturales y sociales que impiden el goce efectivo de los derechos en relación a la identidad de género y la orientación sexual, además de significar un gran avance para la construcción de marcos normativos que se cumplan y respeten.

Referencias Bibliográficas

·         Colombia, A. c.-O. (2005). Hacia el pleno respeto de los derechos humanos de lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas. Bogotá .
·         Convenio Marco entre el ministerio de Educación y el fondo de Poblaciones para las Naciones Unidas (UNFPA). (2015). Orientaciones Sexuales e Identidades de género no hegemónicas en la Escuela: Aspectos para la reflexión. Bogotá .
·         Naciones Unidas- Oficina Regional América del Sur . (2013). Orientación Sexual e Identidad de género en el derecho internacional de los derechos humanos .
·         Unidad para la atención y reparación de las vicitimas; USAID; Organización internacional para las migraciones. (2014). Enfoque de orientaciones sexuales e identidades de género.
·         Unidas, A. g. (1948). Declaración Universal de Derechos Humanos. Articulo 2. París.