Reconocer
la importancia del feminismo en la construcción de relaciones políticas,
económicas, sociales y culturales implica pensar en las diversas condiciones que este movimiento
trazo; esto además, relacionado con situaciones contextuales específicas, hitos
históricos particulares y teóricas sociales.
De
esta manera, es posible comprender como el feminismo no resulta una condición
simbólica o netamente discursiva, entre otras definiciones peyorativas
construidas en el imaginario social, por el contrario, es considerado como uno
de los movimientos sociales más fuertes en el siglo XX y XXI, luchando por la
transformación de las condiciones de las mujeres, además de su relación con el
género. Por otro lado, el feminismo se ha consolidado como teoría social,
logrando análisis de gran magnitud en relación a raza, sexo, género, etnia,
condiciones políticas, poder, etc.
“Los
cambios no hubiesen sido posibles sin la capacidad emancipadora del feminismo
como movimiento social de transformación de las relaciones entre hombres y
mujeres y del impacto que todo ello supuso en la producción del conocimiento.”(Beltrán,
E, Maquieira, V, Álvarez, S, Sánchez, C, (2001).pp. 10)
En
este sentido, repensar el feminismo como teoría social y como movimiento social
implica comprender como a través de la historia las mujeres han jugado un papel fundamental en la consolidación de
relaciones sociales, políticas, económicas y culturales. Por consiguiente,
reconocer el papel del movimiento sufragista en relación al feminismo liberal y
los procesos de revolución industrial y francesa, como el papel del feminismo
de la igualdad y la diferencia en la construcción del debate inicial en
relación al cuerpo y la asignación de roles, así como los múltiples feminismos
de la tercera ola, entre otros, permite ejemplificar la importancia del
feminismo como movimiento político, además de como teoría social.
“El
feminismo es capaz de percibir las «trampas» de ciertos discursos, y, en este
sentido, el feminismo no es una alternativa teórica más, sino que actúa como
conciencia crítica resaltando las tensiones y contradicciones que encierran
dichos discursos. Estas contradicciones se hacen patentes cuando se enfrentan a
las vindicaciones emancipatorias del discurso
feminista” (Amorós, 1997:142)
Ahora
bien, aunque las teorías feministas iníciales no reconocieran las diversas
condiciones diferentes a mujeres blancas, ilustradas;
la característica emancipadora del movimiento feminista ha logrado transformar
las condiciones de vida de múltiples agentes sociales. Asimismo, el feminismo
de la tercera ola ha reivindicado y repensado las condiciones de clase, etnia,
religión, relaciones con la tierra, etc., en relación al género, lo cual es
muestra clara del alcance de la teoría como paradigma crítico.
En este sentido la teoría
feminista puede ser entendida como teoría crítica, capaz de interpretar las
condiciones políticas, económicas, sociales y culturales de un contexto específico.
“En este sentido, puede decirse que
la teoría feminista constituye un paradigma, un marco interpretativo que
determina la visibilidad y la constitución como hechos relevantes de fenómenos
que no son pertinentes ni significativos desde otras orientaciones de la
atención.” (Amorós, 1998: 22)
Referencias Bibliográficas
·
Beltrán,
E, Maquieira, V, Álvarez, S, Sánchez, C, (2001). Feminismos: Debates teóricos
contemporáneos- Introducción, pp.9-17. Alianza Editorial: Madrid.
·
Viveros,
M (2004). De diferencia y diferencias. Algunos debates desde las teorías
feministas y de género. Editorial Pontificia Universidad Javeriana: Bogotá.
·
Amorós,
C- (1997). Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto
ilustrado y postmodernidad. Cátedra, col. Feminismos, Madrid.
(1998). El punto de vista
feminista como crítica, en Carmen Bernabé
(Dir.), Cambio de paradigma, género y eclesiología, Verbo Divino, Navarra.
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