El
cuerpo como diseño social, como mapa discursivo y elocuente ha consolidado y
establecido caminos predeterminados para controlar y dominar. En ese sentido,
es posible afirmar que el cuerpo tiene una gran influencia en la conformación
de relaciones sociales, principalmente, relaciones que dan cuenta de las
posiciones que ocupamos en el sistema.
En
este sentido, la relación que se establece con respecto a la alimentación, la
medicina, la moda, entre otros construye posiciones de los cuerpos en el
sistema, posiciones que están cargadas de multiplicidad de factores y que se
relacionan de manera directa con el habitus de clase, el capital simbólico, económico
y social.
Así,
es posible afirmar que la relación con el cuerpo y la manera en que el mismo se
relaciona es producto de esquemas diversos, vinculados con lo que constituye el
capital para cada clase.
No
es sólo la apariencia la que determina la posición que uno ocupa, sino que los
gestos, los modos del cuerpo, el tono de voz, la manera de hablar, la hexis
corporal, se constituyen como símbolos que remiten a una determinada posición
de clase. Estos modos de hacer son modos de ser; es decir que no sólo están
fuertemente “naturalizados” sino que constituyen nuestra “naturaleza” misma. En
este sentido es que decimos que las desigualdades sociales se hacen carne y son
incorporados. (Aréchaga, 2010, pág. 22)
De
esta manera, el cuerpo debe ser entendido no solo en su visión biológica clásica,
sin por el contrario con un elemento transformador de prácticas, como un lugar
en el que se escriben las condiciones básicas de existencia; como un lugar en
el que a partir de técnicas e instrumentos se socializa a los individuos, se controla.
En últimas el cuerpo debe ser comprendido como una herramienta de dominación.
La
dominación es ejercida dos veces, en ese sentido es objetiva y subjetiva, objetiva
ya que se da de manera visible, prohíbe y se reconoce por la estructura, y subjetiva porque se reproduce en las
estructuras mentales, en ese sentido, es simbólica. Esto es demostrado con algo
muy simple, en lo cual los espacios privados corresponden al terreno de lo
femenino y lo público a lo masculino. (Bourdieu, 1991)
Así,
Bourdieu plantea el concepto de habitus, el cual es la somatización de la
estructura objetiva, en ese sentido, consolida en el terreno del pensamiento,
de lo inconsciente formas de pensar y actuar, que sin duda alguna surgen de la
relación agente- estructura social, es decir, de la configuración social.
Por
consiguiente, es posible plantear como a partir del habitus se consolidan las
diferencias y estructuras de clase en relación al cuerpo.
Es
como si un habitus corporal
socializado, es decir, un principio de unificación preconsciente y encardinado
en los pliegues invisibles que engarzan la cultura y la fisiología, organizase
la presentación íntima de los individuos ante el mundo. (Moreno, 2004, pág. 8)
Ejemplo
de esto es la estética hegemónica, a partir de la cual se determina la
apariencia en relación con la clase – la pobreza se relaciona con la
peligrosidad-; estos estereotipos, que se encuentran en el habitus, son reflejo
de esquemas clasificadores y de un orden dominante.
“En
este sentido si aprendimos a vincularnos de una manera con nuestro propio cuerpo
atravesado por la condición de clase, no parece atrevido pensar que la toma de
conciencia de nuestro propio cuerpo es la toma de conciencia de la condición de
clase, y a la inversa, para que sea posible la toma de conciencia de clase será
necesario la construcción de esquemas propios de pensamiento, y por ende de
acción, para repensar el propio cuerpo.” (Aréchaga, 2010, pág. 24)
Referencias Bibliográficas
Aréchaga, A. (2010). El cuerpo y las desigualdades
sociales: el espiral de la reproducción social . Revista Latinoamericana
de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad N°2, 16-26.
Bourdieu, P. (1991). Investigadores de
nuestro tiempo: Pierre Bourdieu . (P. Miquel, Entrevistador)
Eltit, D. (2005). Clases de cuerpo y
cuerpos de clase . Aisthesis N° 38, 9-20.
Moreno, J. (2004). Cuerpo, Género y
Clase en Pierre Bourdieu. En P. Bourdieu, Las Herramientas del sociólogo
(págs. 13-184). Madrid: Fundamentos .
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