Partiendo
de las discusiones que se han tenido anteriormente es posible reconocer como la
construcción del cuerpo, el género, el sexo y la sexualidad no son procesos estáticos
y robustos, por el contrario, han sido producto de transformaciones sociales, económicas,
culturales y políticas.
En
este sentido, reconocer el género y sus múltiples construcciones implica pensar
en los medios discursivos y culturales a partir de los cuales se establecen
medios de control y alienación; medios que han servido para mantener visiones homogéneas
y heterodoxas. Esto implica pensar de igual modo en “el miedo a perder el lugar que se ocupa” (Butler, 1999,
pág. 12) ,
el miedo a perder un lugar social, un lugar en la normalidad.
De
igual modo, implica pensar en los procesos que han mostrado las múltiples caras
de la invisibilidad de género, las múltiples caras de resistencia y lucha que
gracias a arduos procesos han logrado mostrar que el género, el sexo, la
sexualidad y el cuerpo no son cuestiones simples, estáticas, o sin relevancia;
sino por el contrario, que dan cuenta de la multiplicidad, la heterogeneidad y
las diferentes formas de habitar, de apropiar y de agenciar.
Así,
reconocer tales luchas implica reivindicar las diferentes formas de habitar la
ciudad, comprendiendo la misma como un flujo heterogéneo, diferente y
alternativo que configura las maneras de habitar pero a su vez es configurador
de las mismas.
De
esta manera, es crucial reconocer como las múltiples iniciativas que
reflexionan y transforman en relación al sexo, género y cuerpo también transforman
la ciudad y la convierten en un flujo
heterogéneo, con capacidad para transformar su propia estructura a partir de
procesos subjetivos; eliminando la idea del mundo social homogéneo, plano y
hegemónico y dando cabida a movimientos diferentes, alternativos y
democráticos.
‘’parecería que la ciudadanía no es un estatus
adquirido u otorgado a todos y de una vez para siempre sino un ‘’proceso
instituido’’, conflictivo y desigual cuya conquista requiere una lucha y una
vigilancia que deben renovarse permanentemente’’ (Wacquant,
2007, pág. 56)
Por
consiguiente, entender la ciudad como un gran crisol, capaz de albergar
múltiples formas de ser, pensar, estar y actuar es necesario para consolidar
escenarios en los cuales se reconozca el género y el cuerpo como un constructor
de relaciones sociales, como un elemento fundamental para la apropiación, y más allá como un elemento, que desde su multiplicidad,
apropia, construye y resiste. Como un derecho a la ciudad.
‘’Es por esto que el derecho a la
ciudad tiene que plantearse, no como un derecho a lo que ya existe, sino como
un derecho a reconstruir y recrear la ciudad… con una imagen totalmente
diferente, que erradique la pobreza y la desigualdad social y que cure las
heridas de la destrozada degradación medioambiental’’ (Harvey, 2013, pág. 202)
Referencias Bibliográficas
Butler, J. (1999). El género en disputa.
Barcelona: Paidós.
Harvey, D. (2013). Reclamar la ciudad
para la lucha anticapitalista. En D. Harvey, Ciudades Rebeldes. Del
Derecho de la ciudad a la revolución urbana (págs. 171-223). Madrid:
Akal.
Wacquant, L. (2007). Introducción y
prologo . En L. Wacquant, Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y
Estado (págs. 13-53). Buenos Aires: Siglo XXI Editores .
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