Eduardo Galeano

Eduardo Galeano

martes, 8 de marzo de 2016

Del Derecho a la Ciudad

Partiendo de las discusiones que se han tenido anteriormente es posible reconocer como la construcción del cuerpo, el género, el sexo y la sexualidad no son procesos estáticos y robustos, por el contrario, han sido producto de transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas.
En este sentido, reconocer el género y sus múltiples construcciones implica pensar en los medios discursivos y culturales a partir de los cuales se establecen medios de control y alienación; medios que han servido para mantener visiones homogéneas y heterodoxas. Esto implica pensar de igual modo en “el miedo a perder el lugar que se ocupa” (Butler, 1999, pág. 12), el miedo a perder un lugar social, un lugar en la normalidad.
De igual modo, implica pensar en los procesos que han mostrado las múltiples caras de la invisibilidad de género, las múltiples caras de resistencia y lucha que gracias a arduos procesos han logrado mostrar que el género, el sexo, la sexualidad y el cuerpo no son cuestiones simples, estáticas, o sin relevancia; sino por el contrario, que dan cuenta de la multiplicidad, la heterogeneidad y las diferentes formas de habitar, de apropiar y de agenciar.
Así, reconocer tales luchas implica reivindicar las diferentes formas de habitar la ciudad, comprendiendo la misma como un flujo heterogéneo, diferente y alternativo que configura las maneras de habitar pero a su vez es configurador de las mismas.
De esta manera, es crucial reconocer como las múltiples iniciativas que reflexionan y transforman en relación al sexo, género y cuerpo también transforman  la ciudad y la convierten en un flujo heterogéneo, con capacidad para transformar su propia estructura a partir de procesos subjetivos; eliminando la idea del mundo social homogéneo, plano y hegemónico y dando cabida a movimientos diferentes, alternativos y democráticos.
‘’parecería que la ciudadanía no es un estatus adquirido u otorgado a todos y de una vez para siempre sino un ‘’proceso instituido’’, conflictivo y desigual cuya conquista requiere una lucha y una vigilancia que deben renovarse permanentemente’’  (Wacquant, 2007, pág. 56)
Por consiguiente, entender la ciudad como un gran crisol, capaz de albergar múltiples formas de ser, pensar, estar y actuar es necesario para consolidar escenarios en los cuales se reconozca el género y el cuerpo como un constructor de relaciones sociales, como un elemento fundamental para la apropiación,  y más allá como un elemento, que desde su multiplicidad, apropia, construye y resiste. Como un derecho a la ciudad.

‘’Es por esto que el derecho a la ciudad tiene que plantearse, no como un derecho a lo que ya existe, sino como un derecho a reconstruir y recrear la ciudad… con una imagen totalmente diferente, que erradique la pobreza y la desigualdad social y que cure las heridas de la destrozada degradación medioambiental’’  (Harvey, 2013, pág. 202)

Referencias Bibliográficas


Butler, J. (1999). El género en disputa. Barcelona: Paidós.
Harvey, D. (2013). Reclamar la ciudad para la lucha anticapitalista. En D. Harvey, Ciudades Rebeldes. Del Derecho de la ciudad a la revolución urbana (págs. 171-223). Madrid: Akal.
Wacquant, L. (2007). Introducción y prologo . En L. Wacquant, Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y Estado (págs. 13-53). Buenos Aires: Siglo XXI Editores .





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