Siguiendo el hilo conductor
que se ha trazado anteriormente, es posible exponer como el cuerpo resulta
sujeto a construcciones sociales, políticas, culturales, y económicas; además
de ser construido en relación a periodos históricos, condiciones de clase
particulares a cada contexto, herramientas específicas de dominación y control
y estructuras de pensamiento particulares.
Así pues, repensar al cuerpo como un elemento construido y constructor
nos invita a reflexionar sobre el concepto de sexo, el cual cómo la categoría de
género y cuerpo, se ha formado sobre gran variedad de disputas, sobre procesos históricos,
inscripciones particulares, dualidades homogenicas, pero a la vez sobre luchas
sociales y políticas.
“Los cuerpos no sólo tienden a indicar un mundo que está más allá de
ellos mismos; ese movimiento que supera sus propios límites, un movimiento
fronterizo en sí mismo, parece ser imprescindible para establecer lo que los
cuerpos "son".” (Butler, 2002, pág.12)
Lo anterior demuestra como el
sexo no representa una construcción ideal, que se materializa sobre el tiempo o
la normalidad, por el contrario, el sexo es construido como el cuerpo mismo, el
género y la sexualidad a partir de materializaciones que se imponen y se logran
mediante prácticas, regulaciones, control y sobre todo la idea esencial de
masculino y femenino. En este sentido, entender el sexo en relación al cuerpo
implica preguntarse sobre los diversos procesos mediante los cuales se ha
normalizado y regularizado la idea del sexo como algo biológico, estático e
inmutable.
“Sexo no es
aquí entonces una
realidad simple o
condición estática de un
cuerpo, no es
ya un dato
corporal sobre el
cual se impone
el género, más
bien se trata
de un efecto sedimentado
de una práctica
reiterativa de poder
que actúa como
norma cultural que gobierna
la materialización de los cuerpos.” (Suniga,
2013; pág, 5)
En
Este sentido, la construcción del sexo se encuentra estrechamente relacionada
con la construcción del género y la sexualidad, construyendo en conjunto
procesos de identificación.
Ahora bien, pensar en las diversas condiciones culturales resulta
necesario entender que el sexo no es inamovible o estático, sin por el contrario
que a partir de su relación con el género y la performatividad del cuerpo se
construye y cambia.
Además, el sexo en su materialidad genera y es efecto político y
cultural, de tal manera que, además, crea ilusiones de una sustancialidad
previa. (Suniga,
2013)
Si el género es la construcción social del sexo y sólo es posible tener
acceso a este "sexo" mediante su construcción, luego, aparentemente que
ocurre es, no sólo que el sexo es absorbido por el género, sino que el
"sexo" llega a ser algo semejante a una ficción, tal vez una fantasía,
retroactivamente instalada en un sitio pre lingüístico al cual no hay acceso
directo. (Butler, 2002; pág, 23)
Referencias Bibliográficas
Burgos, E. (2006). Cuerpos que hablan . En J. Arregui, & J. García, Significados
corporales (págs. 93-109). Málaga: Colección Monogragía 11.
Butler, J. (2002). Los cuerpos que importan . En J. Butler, Cuerpos que
Importan: Sobre los limites materiales y discurivos del "sexo"
(págs. 17-95). Buenos Aires : Paidós.
Suniga, N. (2013). ¿Discurso o materialidad? Sobre la construcción del
cuerpo sexuado en la teoría de Judith Butler. Instituto de Investigaciones
Gino Germani- VII jornada de Jóvenes Investigadores .
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